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Editorial · 2012 · Bogota, Colombia

Interbolsa: la comisionista más grande del país cayó en cuestión de días

En noviembre de 2012 la mayor firma comisionista de Colombia incumplió una operación de crédito y fue intervenida. No falló el mercado: falló el control interno de una sola casa.

Daniela BermúdezDirectora16 de abril de 20267 min de lectura

Los números

Intervención
2 de noviembre de 2012
Posición en el mercado
Mayor comisionista de Colombia por volumen
Detonante
Incumplimiento de una obligación financiera
Foco del riesgo
Operaciones repo concentradas en un emisor

Lo que pasó

Interbolsa era, a comienzos de 2012, la firma comisionista de bolsa más grande de Colombia por volumen negociado. Manejaba una porción muy significativa de las transacciones del mercado accionario local, tenía presencia internacional y una reputación construida durante más de una década.

A finales de octubre de ese año incumplió el pago de una obligación con una entidad financiera. El incumplimiento, de un monto que en el balance de una firma de ese tamaño debería haber sido manejable, reveló un problema de liquidez que se propagó en cuestión de días. El 2 de noviembre de 2012 la Superintendencia Financiera intervino la sociedad comisionista y pocos días después ordenó su liquidación.

El detonante estuvo asociado a operaciones repo sobre acciones de la textilera Fabricato. En una operación repo, un tenedor de acciones las entrega temporalmente como respaldo de un préstamo con el compromiso de recomprarlas. Cuando el volumen de estas operaciones sobre una misma acción crece de manera desproporcionada, la firma queda expuesta a un movimiento del precio de ese único papel.

El problema no era el instrumento

Vale la pena separar dos cosas que la discusión pública mezcló. El repo es un instrumento legítimo y común en los mercados de valores del mundo. Lo que estaba mal no era la herramienta sino la concentración: exposición masiva a un solo emisor, con financiación de corto plazo, sin que existiera dentro de la firma un contrapeso capaz de decir que ya era suficiente.

A eso se sumaron vehículos de inversión administrados fuera del país, en particular un fondo domiciliado en Curazao, que quedaron fuera del perímetro de supervisión local y en los que muchos clientes tenían recursos comprometidos.

Los procesos judiciales posteriores derivaron en condenas para varios de los principales directivos y accionistas de la firma por delitos financieros, y en procesos de reparación que se extendieron durante años.

Las fallas, en orden

  1. Concentración de riesgo en un solo activo de baja liquidez relativa.
  2. Descalce de plazos: financiación de corto plazo sosteniendo posiciones que requerían tiempo para desmontarse.
  3. Gobierno corporativo capturado, con juntas y comités de riesgo que no ejercieron un freno efectivo sobre la administración.
  4. Estructuras fuera del perímetro regulatorio local, que impidieron ver la exposición total.
  5. Confusión entre reputación y solvencia: el tamaño y el prestigio de la firma funcionaron como sustituto del análisis.

Lo que cambió después

El episodio empujó ajustes regulatorios en el mercado de valores colombiano: mayores exigencias de revelación sobre operaciones repo, límites y controles más estrictos a la concentración, y más atención supervisora sobre vehículos administrados en el exterior. También dejó un costo difícil de medir, la desconfianza de miles de inversionistas minoristas en el mercado de capitales local, que tardó años en recomponerse.

Qué se lleva

Si usted se sienta en una junta directiva o en un comité de riesgo, este es el caso que conviene revisar de nuevo, porque su lección es incómoda y no tiene nada de técnica.

Interbolsa no cayó por un producto exótico ni por una crisis externa. Cayó porque dentro de la organización no había nadie con autoridad real, independencia y voluntad para cuestionar a quienes estaban generando los resultados. Los órganos de control existían en el papel. Sesionaban. Firmaban actas.

La pregunta práctica no es si su empresa tiene comité de riesgo o de auditoría. Es esta: la persona que preside ese comité, ¿depende profesional o económicamente de la administración que debe vigilar? Si la respuesta es sí, usted no tiene un control, tiene un trámite.

Y hay una segunda pregunta, más simple: en los últimos doce meses, ¿alguna instancia de control de su organización le dijo que no a la administración? Si nunca ocurrió, no significa que todo esté bien. Significa que no sabe.

Sobre las fuentes: Basado en comunicados y resoluciones públicas de la Superintendencia Financiera de Colombia de noviembre de 2012 y en la cobertura de prensa económica del proceso posterior.

Qué se lleva

«Un comité que nunca dice que no no es un control: es un trámite.»

Temas

  • riesgo
  • gobierno
  • mercados
  • supervision

Firma

Daniela Bermúdez

Directora

Entrevista a quienes dirigen organizaciones. Busca la decisión difícil, no el eslogan.