Editorial · 1998 · Medellin, Colombia
Fusionar dos bancos es fácil; fusionar dos formas de trabajar no lo es
Bancolombia se armó a punta de integraciones sucesivas entre 1998 y 2005. La parte jurídica de cada una tomó meses. La parte cultural tomó años y casi nadie la contabiliza.
Los números
- Fundación del Banco Industrial Colombiano
- 1945, Medellín
- Listado en la Bolsa de Nueva York
- 1995
- Fusión que da origen a Bancolombia
- 1998
- Segunda integración
- 2005, con entidades del mismo grupo
- Contexto adverso
- Crisis financiera colombiana de fin de los noventa
El punto de partida
El Banco Industrial Colombiano se fundó en Medellín en 1945, ligado a la industria antioqueña que necesitaba financiación de mediano plazo. Era un banco de perfil corporativo, conservador en su gestión de riesgo y con una base de clientes empresariales.
En 1995 hizo algo poco común para una empresa colombiana de la época: listó acciones en la Bolsa de Nueva York mediante un programa de recibos de depósito, lo que lo sometió a exigencias de revelación más estrictas que las locales.
Tres años después, en 1998, se integró con el Banco de Colombia, una entidad de tradición mucho más larga y perfil marcadamente distinto, con fuerte presencia en banca de personas. De allí salió Bancolombia.
Lo que casi hunde la operación
La fusión de 1998 ocurrió justo antes de la peor crisis financiera que ha vivido el país en décadas. El deterioro de la cartera hipotecaria, el alza de tasas y la caída de la actividad económica pusieron a prueba el sistema entero y llevaron a la liquidación o intervención de varias entidades.
Sobrevivir a eso mientras se digiere una fusión no es un mérito menor. Pero el punto que interesa aquí es otro y es menos glamoroso.
Cuando dos bancos se juntan, lo que se anuncia es el balance combinado. Lo que efectivamente hay que resolver es otra cosa: dos plataformas tecnológicas incompatibles, dos manuales de crédito con criterios distintos sobre el mismo tipo de cliente, dos escalas salariales, dos formas de decidir quién asciende, dos culturas de servicio y, casi siempre, dos grupos de directivos que saben que sobran la mitad de los cargos.
La segunda ronda
En 2005 la compañía completó una integración adicional con dos entidades del mismo grupo empresarial: una corporación de ahorro y vivienda con vocación masiva y muy fuerte en canales electrónicos, y una corporación financiera especializada en banca de inversión y crédito de largo plazo.
Sobre el papel, la combinación es limpia: banca corporativa, banca de personas, hipotecario y banca de inversión bajo una sola licencia. En la práctica implicaba integrar tres culturas operativas con lenguajes distintos sobre lo que significa un buen cliente.
Dos años después el grupo compró operaciones bancarias en Centroamérica, lo que agregó a la ecuación la variable de integrar en otro país, con otra regulación y otro mercado laboral.
Nuestra posición
Creemos que en Colombia se sigue evaluando mal el éxito de una fusión. Se mide con indicadores de sinergia de costos en los primeros dieciocho meses, que es exactamente el periodo en el que esos indicadores son más fáciles de mejorar: se cierran oficinas duplicadas, se recorta nómina, se renegocian contratos con proveedores. Todo eso da resultados rápidos y no dice nada sobre si la integración funcionó.
Lo que revela si funcionó aparece después, y son cosas que ningún tablero de control captura bien. Si los mejores del banco comprado se quedaron o se fueron. Si un cliente que llega por un canal recibe la misma respuesta que por otro. Si la decisión de crédito tarda lo mismo en Medellín que en Barranquilla. Si tres años después la gente todavía dice, en voz baja, de qué banco venía.
Qué se lleva
Cualquiera que esté pensando en comprar o fusionar debería poner en el plan, con nombre propio y presupuesto, la integración operativa y cultural. No como capítulo de cierre del documento, sino como la mitad del trabajo.
Y debería definir de entrada quién manda en cada proceso concreto. No quién queda de vicepresidente, sino cuál de los dos manuales de crédito rige desde el primer día, cuál de los dos sistemas se apaga y cuándo. Las fusiones que se pudren son las que dejan esas preguntas para después, por prudencia diplomática, y terminan operando dos empresas bajo un mismo logo durante cinco años.
Sobre las fuentes: Basado en información institucional pública de Bancolombia, comunicados a la Superintendencia Financiera sobre los procesos de fusión y literatura pública sobre la crisis financiera colombiana de fines de los noventa.
Qué se lleva
«Las fusiones que se pudren son las que dejan las decisiones incómodas para después, por prudencia diplomática.»
Temas
- banca
- fusiones
- integracion
- cultura
Firma
Directora
Entrevista a quienes dirigen organizaciones. Busca la decisión difícil, no el eslogan.
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