Reseña · 2011 · Estados Unidos
Netflix contra Netflix: canibalizar el negocio que todavía daba plata
Entre 2007 y 2013 la compañía desmontó por voluntad propia el modelo de envío de DVD que la había hecho rentable. El intento de hacerlo de golpe, en 2011, casi le cuesta la empresa.
Los números
- Fundación
- 1997
- Streaming incluido
- 2007
- Reversión de Qwikster
- Tres semanas después del anuncio
- Primera serie original propia
- 2013
El negocio que funcionaba
Netflix nació en 1997 como un servicio de alquiler de películas por correo. Su innovación inicial no fue tecnológica sino comercial: en 1999 introdujo una suscripción mensual plana sin multas por devolución tardía, atacando de frente lo que más irritaba a los clientes de las tiendas de video físicas. El modelo funcionó. Para mediados de la década siguiente la compañía tenía millones de suscriptores, un sistema de logística de sobres rojos muy afinado y un motor de recomendación propio.
Era un negocio rentable, con ventaja competitiva real y sin una amenaza inmediata. Ese es exactamente el tipo de negocio que las organizaciones defienden hasta el final.
La decisión de competir contra sí misma
En 2007 Netflix lanzó la reproducción en línea como función incluida para sus suscriptores de DVD. No fue un producto separado con precio propio: fue una adición que hacía menos necesario el envío físico. La compañía empezó a dedicar capital, talento y acuerdos de licenciamiento a un canal que reducía el valor de su propia operación logística.
Había una razón estructural. El envío por correo tenía costos que crecían con cada suscriptor: sobres, franqueo, centros de distribución, inventario de discos. La entrega digital tenía costos marginales decrecientes. Quien llegara primero a escala en el canal digital tendría una estructura de costos que el canal físico jamás podría igualar.
También había una lección disponible en la industria: Blockbuster, la cadena dominante de alquiler físico, se declaró en bancarrota en 2010.
El error de 2011
La ejecución, sin embargo, salió mal en un momento específico. En julio de 2011 Netflix separó los planes de DVD y streaming, lo que en la práctica significó un aumento de precio cercano al 60% para quien quería conservar ambos servicios. En septiembre anunció que el negocio de DVD se escindiría en una compañía distinta llamada Qwikster, con sitio web separado, facturación separada y catálogo separado.
La reacción fue severa. La compañía perdió cientos de miles de suscriptores en el trimestre siguiente y la acción cayó de forma pronunciada. En octubre de 2011, tres semanas después del anuncio, Netflix canceló Qwikster antes de que llegara a operar.
El diagnóstico estratégico era correcto. El costo que se le pidió pagar al cliente por esa transición, no.
Lo que vino después
La compañía mantuvo el rumbo hacia el streaming pero cambió el método. En 2013 estrenó House of Cards, su primera gran producción original, y con ella pasó de distribuir catálogo ajeno a controlar contenido propio, lo cual reducía su dependencia de los estudios que podían subirle los precios de licencia o convertirse en competidores. El servicio de DVD por correo siguió operando de manera decreciente durante otra década, hasta su cierre definitivo.
Cinco decisiones en orden
- Atacar la fricción, no el producto (1999): eliminar las multas antes que mejorar el catálogo.
- Lanzar el canal sustituto como función incluida (2007), no como negocio separado que tuviera que justificarse solo.
- Separar precios de golpe (2011): el error, por velocidad y por trasladarle el costo al cliente.
- Revertir en tres semanas cuando los datos lo indicaron, aceptando el costo reputacional de la marcha atrás.
- Integrar hacia el contenido (2013), para no depender de proveedores que eran también rivales.
Qué se lleva
Canibalizar el propio negocio es una decisión defendible y a veces necesaria. Pero conviene distinguir dos cosas que suelen confundirse: la dirección del cambio y el ritmo al que se le cobra al cliente.
Netflix acertó en la dirección desde 2007 y siguió acertando después de 2011. Lo que falló en 2011 fue pedirle al cliente que absorbiera, en un solo trimestre, un aumento de precio y una fragmentación de la experiencia. La transición era del negocio; la incomodidad se trasladó íntegra al usuario.
Si está migrando su compañía a un modelo nuevo, la pregunta operativa no es si el destino es correcto. Es quién paga el costo del traslado y en cuántas cuotas. Cuando la respuesta es "el cliente, todo, ya", el mercado suele cobrarlo antes que su junta directiva.
Sobre las fuentes: Elaborado con base en reportes anuales y cartas a accionistas de Netflix, comunicados corporativos de 2011 y cobertura de prensa económica del periodo.
Qué se lleva
«Acertar el destino no lo exime de discutir quién paga el viaje.»
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